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La potencia de Huck y el valor de Garay

No eran muchos los que en Alemania le daban alguna chance a Garay, menos aún cuando sus bravuconadas -en lugar de causar efecto psicológico sobre el oponente- sólo lograron despertar críticas periodísticas. Pero una cosa es hablar del personaje que trató por todos los medios de provocar el escándalo (incluso queriendo besar a Huck y subiendo a la balanza desnudo) y otra apreciar lo hecho sobre el cuadrilátero.

Probando que no había viajado a Munich para hacer turismo sino para dar batalla, Garay encaró al campeón de igual a igual, olvidándose de la notoria diferencia física y reponiéndose de una caída inesperada en el primer round, cuando Marco Huck lo atropelló a manotazo limpio y le hizo barrer el piso con el pantalón. Los golpes no fueron muy netos, así que pudo levantarse con la cabeza despejada. El desquite vendría en el tercero. Garay llegó repetidamente a la cabeza del serbio-alemán y completó un round de dos puntos. beneficiándose con el descuento que el referee le aplicó al campeón por pegar en la nuca. Medida acertada la de Luis Pabón, que arbitró muy atento y logró que de allí en más Huck se cuidara con las infracciones.

A la altura del quinto round, con un Garay agrandado, fuimos notando la boca abierta de Huck, pidiendo aire. Su desplazamiento sobre el ring se hizo lento y el silencio de sus partidarios prueba evidente de que la pelea se había complicado para el gran favorito. El "Pigu" empezaba a perfilarse como ganador en las tarjetas y al "Capitán" se le había escapado el timón de las manos.

El combate volvió a cambiar de matiz en el séptimo, cuando Huck pareció mostrar signos de vida y decididamente se volcó hacia el local en el octavo. El noveno afirmó el dominio del campeón ante un Garay que acusaba visiblemente el cansancio y el lógico corolario llegó en el décimo. Golpes certeros en un ataque a toda máquina, con una izquierda que encontró la mandíbula de Garay ya con el cuerpo medio virado. Pabón dejó de contar a los pocos segundos, decretando el KO técnico… el pleito había terminado y el público germano celebraba.

El promotor del perdedor intentó explicar el revés diciendo que a Huck lo habían resucitado ilegalmente, con sales en la nariz en los minutos de descanso, algo rechazado de plano por el supervisor -y presidente de la OMB- que le replicó: "Yo estaba muy cerca de la esquina de Garay y no vi nada de eso".

Quienes conocen a Huck saben que es un boxeador que sube al ring muy tenso. Los nervios lo han puesto en aprietos en numerosas peleas, prácticamente "atando" sus brazos y cortándole el aliento. Recién cuando encuentra la calma se transforma en un tanque arrollador, que se enfurece cuando le pegan y responde lo que tiene a mano: su potencia. Huck nunca será un boxeador de gran estilo, pero nadie podrá negarle su instinto asesino.

Lo de Garay fue honroso. Presionó en los rounds donde Huck flaqueó y estuvo cerca de tirarlo. Fue a matar o a morir… pero no pudo revertir la lógica. Su cuerpo no alcanza para la categoría crucero. Si baja a medio pesado y entrena a conciencia, tiene futuro y la chance de volver a acariciar algún título.

En cuanto a Marco Huck, veremos que tal le sienta el matrimonio (a celebrarse en Serbia con más de mil invitados). Como para alimentar las páginas de chimentos, tanto él como su bonita novia han dicho que llegan vírgenes a la boda.

Por Juan Abraham-Larena


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